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Cosas que me… meten en problemas: el Facebook

Abrí mi cuenta de Facebook el 14 de abril de 2008. Una de mis mejores amigas se iba a ir a estudiar una maestría a Estados Unidos y estaba organizando una fiesta de despedida. Como ella estudiaba medicina (luego de haberse graduado de química), pintaba, daba clases en la universidad y de voluntaria en un colegio los domingos, ya no nos veíamos muy seguido. Un día, nos juntamos y me dijo que iba a crear un evento en Facebook: “oh, no ─pensé─, una cosa que no quiero abrir porque qué hueva estar viendo a la gente ahí”. Pero como quiero mucho a mi amiga, abrí una cuenta. Me dediqué a navegar y ver qué era. Decidí mandarle una invitación a Álvaro, uno de mis grandes amigos, a Amelia, una chava con la que llevaba un par de clases en ese semestre, y por supuesto a Lucía, mi amiga que organizaba la fiesta.

En mayo no tuve ninguna actividad en esa red social.

En junio, me hice contacto con Jackie; en julio, con Marielos; en agosto, con Ligia, Dolores y Julia. En septiembre, Lucía me escribió algo (yo creo que ella ya estaba en su maestría) y no le contesté porque aún no le encontraba mucho chiste a eso de escribir por el FB, me parecía algo muy abierto a todo el mundo. En noviembre, ya me estaba peleando con Wagner porque hice un comentario fuera de lugar acerca de una foto que subió. A partir de ahí, me considero un usuario regular de FB.

Facebook me ha permitido conocer muchas personas, con quienes mantengo un contacto asiduo. Eso me alegra. Me ha permitido interactuar frecuentemente con amigos a los que casi no veo, pero también me ha causado algunos problemas, como los siguientes…

Hace años, daba clases en la universidad de la que me gradué. La directora de la carrera quería que yo fuera el niñero de los alumnos y me invitaba a reuniones en su oficina para convencerme de que tenía que consentirlos porque “ellos pagaban mi salario”. Decía que los alumnos se quejaban de que yo hablara mal de los Estados Unidos (era un curso de literatura hispanoamericana del siglo XX y a puro tubo teníamos que estudiar las relaciones entre América Latina y EE. UU.) porque ellos decían que era una contradicción que hiciera eso mientras daba clases en un lugar construido por el pueblo estadounidense. En fin, eran reuniones ridículas en las que yo decía lo que tenía que decir, pero la directora insistía en verme como si fuera su pupilo, ansioso de aprender de ella (wajajajajajajajaja) y parecía no escuchar mis argumentos; entonces, al llegar a mi casa, contaba lo que me había pasado en la reunión. Hacía catarsis, porque para eso me ha servido el FB muchas veces. En nuestra última reunión, en la que le dije que ya no me interesaba dar clases en la universidad porque yo eso de ser papá consentidor de un montón de adultos no lo hacía muy bien, me dijo que siempre la había enojado que yo escribiera en mi FB cosas de la universidad y me recomendara que pensara bien lo que escribía porque todo tenía consecuencias. Le contesté que todo lo que escribía lo hacía consciente y que no se preocupara por mis relaciones sociales. Ah sí, también le pedí que le dijera a esa escritora que aún da clases en la universidad que dejara de pasarle los chismes y que si le interesaba tanto podía mandarme invitación para contacto: la ingrata no lo hizo.

Creo que más o menos en esa misma época, llevaba una clase genial en la maestría. El profesor es el tipo más loco que me ha dado clases, pero creo que también es el más profundo y filosófico. Nos hicimos cuates porque hablábamos un montón de ondas bien fumadas de los textos. Una noche, me escribió un mensaje privado donde decía, luego de haber bromeado un rato, que tenía ganas de “estar” con un hombre. Yo le contesté, luego de pensarlo detenidamente, que qué alegre. Me escribió: “Qué respuesta más estúpida. Alguien realmente interesado en analizar el mundo debe estar siempre interesado en inquirir sobre las causas de las cosas”. Me dio pena contestarle porque no sabía si quería “algo” conmigo o si era un tipo de prueba de iniciación filosófica que había perdido. Cuando llegué a la siguiente clase, hablamos como si nada y seguimos siendo cuates.

Luego, fui a Costa Rica. Estando allá, escribí que yo solo era un gordo cursi o algo así. En mi muro, este mismo profesor me puso que yo era un idiota porque un académico no debía escribir muladas como esa. Obviamente, le contesté que yo podía escribir lo que quisiera y que no tenía que importarle. Entonces, me empezó a maltratar con cosas como: “voy a buscar a tus amigos y me los voy a coger por el culo”, “un perro muerto siente más placer sexual que vos”. Yo le contestaba “jajajaja” porque no suelo tomar en serio a la mara así. De repente, ya nos estábamos maltratando bien grueso. Lo eliminé y me volvió a mandar solicitud de contacto, como no la acepté me empezó a enviar mensajes bien perversos. Lo bloqueé y nunca volví a saber él. No sé si aún dé clases bajo el efecto de alucinógenos: ojalá que sí porque sus clases eran todo un trip.

Soy de los imprudentes que aceptan casi todas las solicitudes de amistad, solo que veo que tenga algunos contactos en común y que no sea alguien que me caiga mal. Por eso, tengo personas a las que no conozco (con varias he hecho una gran amistad, como con Marlon Francisco, por ejemplo).

Una vez, una chava me mandó solicitud: la acepté. Resulta que era una mujer de unos 20 años bien voluptuosa que ofrecía sus servicios sexuales a través del FB. Subía fotos con poca ropa y en posiciones sugerentes. Era bonita. Menos de una semana después, ya no me mandó mensajes. Por curiosidad la busqué y ya no existía en la red. Supongo que la denunciaron y cerraron su cuenta. Pues, esta chavita me mandaba mensajes y fotos indebidas (ay, sí, tú) y yo no le contestaba por obvias razones. Incluso, me preguntaba si yo era gay porque la dejaba en visto. No sé qué se habrá hecho. A veces, la extraño.

Ayer me recordé de ella porque hace un tiempo recibí una solicitud de amistad de una chavita. Vi que teníamos una amiga en común y estudió en un colegio donde yo di clases hace un buen tiempo. La acepté y le escribí para preguntarle en qué año se había graduado del colegio, así veía si había sido una alumna a la que había olvidado. Por su respuesta, supe que no había estudiado ahí, pero como yo no soy nadie para andar criticando, la dejé entre mis contactos. El clavo es que la chava siempre sube fotos tomadas desde arriba su cara enfocando su escote, pone labios en forma de pez y escribe mensajes como: “quieres que te escriba algo en tu muro, dale like”, pero con faltas de ortografía y mal redactados. El clavo es que no sé si ofrece servicios sexuales (así de traumado me dejó la otra chava). Así que anoche decidí escribirle a nuestro contacto en común para preguntarle si esa chavita era su amiga o si era un virus o algo así. Me dijo que había sido su alumna hace un tiempo. Deduje que la chavita es aún una adolescente menor de edad, así que la borré de una vez porque prefiero no meterme a clavos legales por si le doy “Me gusta” a alguna de sus fotos.

Hace un par de años, me amenazaron y me dijeron que sabían dónde vivía. Aduje que era por el FB. Busqué a la persona, vi los contactos en común y los eliminé y bloqueé. Fue una experiencia fea.

Como ven, he pasado por toda una serie de aventuras en línea gracias al Facebook. Por eso no siempre escribo lo que tengo que decir y soy la corrección política en persona virtual (no, son mentiras), solo que ya no escribo tanto como antes. Si de repente me ven en el Facebook y estoy peleándome con la gente, tienen dos opciones:

  • Escribirme un mensaje para llamarme a la cordura
  • Reírse y darle “Me gusta”

 

Sobre todo, sean felices: yo escribo porque tengo una compulsión por hacerlo, necesito escribir y contar cosas. Por favor, no se metan en problemas ni me involucren en los suyos.