Home > Letras > Me marchité

Cada día despierta de la misma forma, con la molestia de dos seres apretados contra su cuerpo. Suda, porque se pone nerviosa de pensar que cualquiera puede desenvainar su vertiginoso miembro y no vaya a ser… no vaya a ser que digas algo. Cierra los ojos y los aprieta, los aprieta, los aprieta tan fuerte que las sienes le recriminan. Ya te están saliendo arrugas. El miedo aprisiona su corazón y le estruja las vísceras. Quiere moverse, liberarse de la prisión del horror que vive, pero nadie entiende, nadie lee su mirada, nadie quiere hacerle caso. Amanece frío, ya está el patrón gritando que se levanten, que van a llegar tarde. Por suerte hoy tampoco la violaron. Eso piensa, porque no entiende. Hoy te quedás otra vez. No, no quería quedarse… esos días eran los peores.

Su cuerpo cambia, a pasos agigantados, ella no entiende. Qué es eso que me crece, piensa, cuestiona. Las otras la miran con rabia y esperanza, saben que le espera un futuro mejor. Mejor por qué. El patrón ya no la toca, pero le exije que se cuide y que no se moje. Sabe que tiene que cuidar bien su mercancía más preciada. Cuando ya no esté, ese patojito se lo vamos a dar a la Juliana. Pero ella no sabe, no se imagina, no entiende.

Los primeros síntomas no delataron nada, deplano es porque está creciendo, pensaron. La vida en las calles siguió de igual manera, nada parecía ir de otra forma. Todos los días al mismo semáforo, al mismo peligro, a la misma desolación. Excepto ese día… el dolor en el vientre era insoportable, el olor de las calles causaron que no pudiera retener nada, se desmayó de tanto miedo. El mundo no se paralizó por ella.

Está embarazada. José, ¿vos hiciste esto? No sé, no sé.

Ya casi no puede hacer nada, la hinchazón del vientre no le permite agacharse ni subirse a la espalda de sus compañeros. Cada día se vuelve más difícil pedir dinero. Perdió la práctica de los malabares y ya no la dejan escupir fuego. Te tenés que cuidar. Lo que no sabe es porqué. Le duelen mucho los pies, no la dejan inhalar pegamento. Comé, le dicen y le dan pan y agua. No puede dormir en las noches, el dolor de espalda le carcome los músculos.

Hoy no se pudo levantar, le pesa mucho el cuerpo y el dolor. Está cansada, la fiebre no la deja dormir. Ya ningún cuerpo se estrecha contra ella, es intocable. La cuenta regresiva está llegando a su fin, su vientre desea estallar.

Y no hay retorno.

Todos están atentos, todos están nerviosos, no saben lo que están a punto de presenciar. Unos se van, no pueden con el dolor. Otros se quedan, la curiosidad puede más.

Primero, fue un líquido transparente y ligoso. Piensa que se está orinando. Después es más dolor, como si sus piernas estuvieran vivas y quisieran separarse. Grita lo más que puede y pierde la conciencia. Poco a poco su cuerpo se desgarra y acomoda para dar paso a algo mucho más doloroso que lo que le sucedió nueve meses antes. Perdió mucha sangre, se desmayó del dolor y nunca recobró el conocimiento ni el aliento.

 

Me marchité y no sé porqué.